Durante años, aprovechando las vacaciones de verano, numerosos jóvenes se reunían durante algunos días alrededor de Abelardo para consolidar y acrecentar su formación humana y espiritual. Futbol (deporte en el que destacó notablemente), horas de estudio, reuniones y charlas personales iban jalonando esos días. Pero fueron sobre todo los puntos de meditación que cada noche les exponía, los que dejaron huella imborrable en aquellos jóvenes. La espiritualidad del Corazón de Jesús, la doctrina de san Juan de Ávila, la devoción a la Virgen fueron cálidas invitaciones a la vida oración y a la encarnación del Evangelio en sus vidas.

