El 15 de mayo de 2026, coincidiendo con el 135.º aniversario de la Rerum novarum de León XIII, el papa León XIV publicó su encíclica Magnifica Humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Igual que su predecesor abordó en 1891 los “nuevos asuntos” de la revolución industrial, el Papa lee ahora los grandes cambios de nuestra época: la digitalización, la IA y la robótica. Advierte además que este poder tecnológico está hoy, sobre todo, en manos privadas.
Para orientar el discernimiento, la encíclica propone dos imágenes bíblicas. La primera es la torre de Babel, un proyecto de poder y uniformidad levantado sin Dios. La segunda es la reconstrucción de los muros de Jerusalén por Nehemías, una obra compartida en la que cada familia se ocupa de su tramo de muralla. Según el Papa, la elección no es entre un sí o un no a la tecnología, sino entre estos dos modelos, porque la técnica nunca es neutral: adopta el rostro de quien la diseña, la financia y la utiliza.
El documento recuerda que la dignidad de cada persona no se gana ni depende de su eficiencia o productividad. Por eso pide que bienes como los datos, los algoritmos y las plataformas digitales no queden concentrados en pocas manos. También reclama transparencia y una gobernanza responsable de la IA, y dedica atención al trabajo, la educación, la familia, los jóvenes, los migrantes y los más frágiles. Cierra con una reflexión sobre la paz y el peligro de las armas autónomas.
León XIV dirige su llamamiento a creyentes y a todas las personas de buena voluntad. Les invita a “ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel”, y a no tener miedo de ensuciarse las manos en la obra de nuestro tiempo. La encíclica concluye con el Magníficat, el canto de esperanza de María, como horizonte para una humanidad que ninguna máquina podrá sustituir.








