El Papa León XIV retoma en esta catequesis el cuarto capítulo de la Constitución Lumen gentium, dedicado a los laicos. Antes de definir su misión específica, el Concilio afirma la igualdad fundamental de todos los bautizados: una misma dignidad, una misma gracia filial y una misma llamada a la santidad, por encima de cualquier diferencia de ministerio o estado de vida.
Los laicos no son simplemente quienes «no son clérigos», sino fieles incorporados a Cristo por el Bautismo, partícipes a su modo del sacerdocio, la función profética y la misión real de Cristo. Es precisamente esa participación bautismal la que fundamenta su misión tanto dentro de la Iglesia como en el mundo.
El campo del apostolado laical se extiende a todos los ámbitos de la vida ordinaria: el trabajo, la sociedad civil y las relaciones humanas. Allí donde los laicos viven y testimonian el Evangelio, la Iglesia está presente, anticipando la justicia y la paz del Reino de Dios. San Juan Pablo II, con su exhortación Christifideles laici, reforzó este llamado conciliar a trabajar en la viña del Señor.
La catequesis concluye con una invitación a encarnar esa «Iglesia en salida» que impulsó el Papa Francisco: una comunidad misionera en la que todos los bautizados están llamados a ser discípulos-apóstoles, testigos del Resucitado en el corazón del mundo.








